Timur «el cojo», más conocido como Tamerlán, fue el terror de las estepas un siglo después de Gengis Kan. Fue, entre otras cosas, su admiración por este lo que le llevó a conquistar un vasto imperio en Asia Central.

Sus episodios más famosos son los de las atrocidades que cometió: la pirámide con las cabezas de los habitantes de Isfahán, envenenar los pozos de Ankhara, meter al sultán Bayezid I en una jaula de hierro y usarla como taburete para subir al caballo… Fue tan creativo para las campañas militares como para los castigos a sus enemigos tras ellas. Se estima que durante sus conquistas murieron 17 millones de personas.

Pero incluso después de muerto continuó atemorizando a la gente, ya que sobre su tumba pesa una maldición:

«Si yo me levantase de mi tumba, el mundo entero temblaría».

Como suele pasar en estos casos, cuando se profana empiezan a pasar cosas raras. ¿Casualidad? Pues seguramente, pero nada como una maldición para sugestionar a la población.

La primera noticia que se tiene de su efecto es en el siglo XVII. El rey persa Nader Shah era un gran admirador de Tamerlán; hasta imitaba sus pirámides hechas de cráneos de enemigos. Entonces quiso llevarse la lápida de su héroe, pero al levantarla se rompió en dos y empezaron a pasarle desgracias. Sus consejeros le recomendaron volver a dejarla en su sitio a ver si así detenía la maldición.[1]

Pero llegamos a la apertura “oficial” de su tumba en el siglo XX. La expedición, con el arqueólogo ruso Mijaíl Guerásimov al frente, llegó al mausoleo de Gur-e-Amin en Samarcanda —donde reposaba el conquistador— sin saber nada de la maldición. Pero, al conocer sus intenciones, la población local protestó, atemorizada.

No podían echarse atrás porque el propio Iósif Stalin había encargado esa expedición, así que empezaron primero con los familiares de Tamerlán y, finalmente, el 19 de junio de 1941 abrieron su tumba.

Eso sirvió para verificar la historia de Nader Shah y la lápida rota, y para que Mijaíl Guerásimov hiciera la famosa reconstrucción forense —además de descubrir ciertos datos interesantes, como que Tamerlán medía 1’72 m, que para la época era inusualmente alto—. Pero muchos piensan que se volvió a poner en marcha la maldición, y es que dos días después de la apertura de la tumba, Alemania atacó Rusia.

Algunos quisieron ver en esto el castigo de Tamerlán por perturbar su paz. La casualidad quiso también que, en cuanto Stalin mandó volver a enterrar los restos de Tamerlán con los rituales apropiados en noviembre de 1942, los rusos vencieran a los alemanes en Stalingrado.

 


NOTAS

[1] Murió apuñalado por la espalda por sus propios oficiales mientras dormía, así que tampoco es que le fuera muy bien después de devolver la lápida.


BIBLIOGRAFÍA

  • Marozzi, Justin: Tamerlán: espada del Islam y conquistador del mundo. Barcelona, Ariel, 2009.
  • «Tamerlán, el señor más cruel de las estepas». Historia National Geographic, 51 (2008), p. 12.
  • Tanel: The curse of Tamerlane (28 de octubre de 2019) en: Smart History [Blog]. Recuperado en: https://smarthistoryblog.com/2016/10/28/the-curse-of-tamerlane/ [Última consulta: 09 de abril de 2019]

Si quieres utilizar este texto perteneciente a La Misma Historia, no olvides citarnos de la siguiente forma:

Elías Viana, Marta: La maldición de la tumba de Tamerlán (9 de abril de 2019), en La Misma Historia [Blog]. Recuperado en: https://lamismahistoria.es/maldición-tamerlan/ [Consulta: fecha en que hayas accedido a esta entrada]

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Marta Elías

Barcelonesa residente en Vigo. Inició la licenciatura de Historia en la UB, que ahora continúa en la UNED tras unos años de parón.
Es también escritora de novelas de ficción y co-fundadora y administradora de «Por la Grecia de Zeus».
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