Samarcanda (o Samarkanda) nos resulta una palabra familiar que nos evoca a épocas pasadas, a cuentos de las mil y una noches y a mundos de fantasía. No es para menos. Es una ciudad especial, mezcla de Oriente y Occidente, que vivió su mayor esplendor a raíz del s. XIV, cuando el gran guerrero Tamerlán, heredero del imperio de Gengis Kan, la convirtió en la ciudad de cuento con la que todos soñamos, puliéndola de tal manera que lo que nos ha llegado a nuestros días ha sido considerado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

Tilla Kari. Cúpula dorada.
Tilla Kari. Cúpula dorada.

ORÍGENES DE SAMARCANDA. EL IMPERIO DE TAMERLÁN.

No podemos comprender la suntuosidad e importancia que esta ciudad llegó a alcanzar sin tener en cuenta la Ruta de la Seda, y sin hablar del hombre que escogió  a Samarcanda para convertirla en la capital de su vasto imperio: Timur-i-Lek, Timur el cojo, conocido en Occidente como Tamerlán.

Tamerlán. Ilustración de Gaspar Meana.

Tamerlán nace en 1336 en Kech, en Transoxiana, actualmente Uzbekistán, ciudad muy cercana a Samarcanda. Nació en el seno de una familia noble mongola. El sobrenombre de «el cojo» le viene de una enfermedad que sufrió en la niñez, que le haría arrastrar este problema de por vida.

Gran conquistador, que seguía fervientemente la religión musulmana, se decía que era cruel y sanguinario;  poseía grandes ejércitos y su ambición no tenía límites, de hecho murió mientras viajaba a China con la misión de conquistarla.

Fue subiendo al poder poco a poco, heredando el imperio que perteneció a Gengis Kan, casándose además con una de sus hijas Bibi Khanum.

Fue proclamado emir en 1370  y toma la decisión de poner como capital, para descansar entre conquista y conquista, a la muy bien situada ciudad de Samarcanda.

 

 

Sus ansias de poder y su inteligencia militar le llevan a conquistar unos ocho millones de kilómetros cuadrados de superficie entre Asia y Europa, haciéndose dueño de ciudades como Bagdad o Nueva Delhi y acercándose a la actual Moscú.

A partir de ahí, su principal obsesión era restaurar todo el esplendor que había tenido hace años el Imperio Mongol, y esto le lleva además a instaurar un nuevo tipo de política, derogando antiguas leyes y proclamando otras nuevas que a su modo de ver mejorarían el estado.

El imperio, llamado Timúrida, llegaría a ocupar lo que hoy sería lo siguiente: Turquía, Siria, Irak, Kuwait, Irán, Kazakstan, Afganistán, Rusia, Turkmenistán, Uzbekistán, Kirguizistán, Paquistán e India.

Su fama de sanguinario le precedía, se dice que hacía pirámides formadas por las cabezas de inocentes a los que iba decapitando en cada ciudad conquistada, no tenía escrúpulos y arrasaba todo a su paso tuviese vida o no, destrozando históricas ciudades como Damasco o Bagdad.

En 1402 logra vencer al emperador Otomano Bayaceto, en la batalla de Angora (Ankara), siendo admirado y ganándose el respeto de los reyes Occidentales.

Entre los reyes del lejano Occidente que lo admiraban, se encontraba el español Enrique III rey de Castilla, quien decide enviar a un emisario, a presentarle sus respetos y ofrecerle presentes. Los elegidos para hacer este larguísimo viaje fueron Ruy González de Clavijo y el teólogo Alfonso Páez de Santamaría.

Partiendo desde Cádiz el 22 de mayo de 1403, pasarían por Rodas, Constantinopla, Armenia y Persia, hasta llegar a Samarcanda en septiembre de  1404. Su estancia se prolongaría por tres meses, y fruto de esta visita como regalo para Enrique III, Tamerlán le pondrá el nombre de Madrid a una ciudad cercana a la capital mongola.

A su vuelta al reino hispánico, Ruy González de Clavijo escribe una memoria del viaje (Embajada a Tamorlán) que ha llegado a nuestros días, suponiendo un documento único que nos describe minuciosamente cada rincón de Samarcanda.

 

LA RUTA DE LA SEDA

Como bien hemos dicho al principio del artículo, no se puede entender Samarcanda sin mencionar  la Ruta de la Seda.

Se decía que no había tela como la seda y que rozaba la perfección, su secreto parecía sólo conocerse en China. Pero, desde este país, debía viajar en grandes caravanas hacía otros países asiáticos, hasta llegar también a Europa e incluso a algunos países del Norte de África.

Recibió el nombre de Ruta de la Seda precisamente por eso, por ser el género que predominada en esos viajes desde la lejana y milenaria China. Se trataba de una ruta comercial y en ella también se movían piedras preciosas, especias, coral, marfil…

Los primeros viajes comenzaron en el siglo I a. C, y podían llegar a durar años. Se recorrían más de 4000 km entre China y el este de Europa.

Ruta de la Seda. Fuente: recursostic.educacion.es

En la Edad Media se hizo muy popular, por motivos económicos, y sobre todo por el deseo de aventura; grandes personajes históricos como Marco Polo la recorrieron, dejando luego constancia de su puño y letra de todo lo que habían visto a cada paso de la larga ruta.

La ciudad de Samarcanda se encontraba casi en la mitad, geográficamente hablando, de la Ruta de la Seda, donde actualmente se sitúa Uzbekistán.

Esto la hacía cómoda, y parada obligada para los cansados comerciantes. Las ciudades o pueblo pequeños en los que se paraba durante la ruta eran llamados caravasares, precisamente por ser parada para las caravanas que hacían ese largo viaje.

 

SAMARCANDA

Así la eligió Tamerlán para convertirla en una gran ciudad llena de lujos. Samarcanda no solo era admirada por su belleza y suntuosidad, su naturaleza la hacía un lugar perfecto para descansar o relajarse. Muchos escritores de la época, realizaban viajes para escribir allí, inspirados por las musas.

El emperador levantó una imponente plaza central, la Plaza de Registán, presidida por tres madrazas (escuelas religiosas) que aún pueden admirarse a día de hoy. Fueron construidas bajo las normas árabes, con los mejores materiales y destacando por un color azul que las hacía confundirse con el mismísimo cielo. Estas escuelas fueron un referente en su momento, en ellas se daban clases de astronomía, física, religión, historia…

La primera madraza es la de Uluk (o Ulugh) Beg, al Oeste, cuyos mosaicos se inspiran en temas astronómicos. Su nombre se debe al nieto de Tamerlán, quien la construyó, y que tenía unas inquietudes intelectuales muy avanzadas para la época, destacando por sus estudios de astronomía.

Al Este, la madraza Sherdar, que tiene como símbolo de poder a la pantera presidiéndola (no deja de ser curioso, pues los musulmanes son iconoclastas y es raro ver representaciones del mundo animal) y, por último, Tilla Kari, la central, inconfundible por sus tonos dorados en la cúpula.

Plaza Registán

La ciudad además está llena de ricos mausoleos, en uno de ellos (necrópolis de Shah-i-zhinda) se dice que está enterrado un primo del profeta Mahoma. La plaza contaba, además, con un mercado que hoy en día está totalmente desaparecido. La plaza era el centro vital de la urbe. Los edificios más representativos de Samarcanda cuentan con impresionantes cúpulas en tonos azules o dorados, que vienen directamente de la tradición persa.

Uno de los templos más importantes construido en la época de Tamerlán es la de la Mezquita de Bibi Khanum, nombre que toma de la esposa de Tamerlán. Se comenzó a construir en 1399 y se dice que se emplearon un gran número de elefantes para transportar los pesados bloques de mármol. El 1404, al volver de una misión, no le gusta el resultado y la destruye y manda construir de nuevo.

A partir de esto, surge una historia rocambolesca, narrada precisamente en los escritos de Ruy de Clavijo. Según cuenta, Tamerlán se fue de viaje dejándole a su mujer que terminase las obras, tanto de la mezquita como de la tumba, que había comenzado a construir enfrente; para ésto estaba ya asignado un arquitecto, que se enamoró perdidamente de la reina.

Tras varios intentos de disuadirlo, al final, embaucándola, accedió a que el arquitecto le diese un beso en la mejilla. Pero el arquitecto no quería “despegarse” y, aunque la reina hubo de separarlo, no consiguió evitar que éste acabase dejando con sus labios una fuerte marca en la cara de la joven. Al volver el emperador se encontró la mezquita casi terminada, y emocionado por su belleza va a dar las gracias a su esposa, viendo entonces la marca. Se pone tan furioso que tira a su mujer al vacío en un ataque de ira; no llegando a morir, ya que la amortiguan sus pesados ropajes.

Esto deja constancia del carácter del monarca.

La mezquita, de gran belleza, se construyó en mármol con detalles en terracota, mosaicos infinitos y toques dorados. Su puerta principal mide 35 metros. En su momento (pues se destruyeron en un terremoto en 1897) contaba con 400 columnas de mármol blanco, rematadas por una cúpula.

En el patio se encuentra un atril de mármol gris, donde se depositó el Corán de Osmán (Califa Omeya) que databa del s. VIII.

Atril para el Corán. Fuente: www.wdl.org

Durante la visita de los embajadores castellanos, el emperador preparaba su invasión a China. Así que, una vez que se marcharon, comenzó esta difícil empresa. Y en éstas estaba cuando en 1405 muere con 71 años de edad.

Pasamos a poner unas pequeñas líneas del manuscrito original de Ruy de Clavijo, donde describe algunos aspectos de la ciudad que le habían llamado la atención y que nos dan muestra de la riqueza de la urbe:

«El Señor había gran voluntad de ennoblecer esta ciudad, que en cuantas tierras él fue y conquistó, de tantas hizo llevar gente que poblasen en esta ciudad y en su tierra, señaladamente de maestros de todas partes»

«De Damasco llevó todos los maestros que pudo haber, así de paños de seda de muchas maneras (…) y los que labran el vidrio y barro, que los había allí los mejores del mundo»

También le llamó mucho la atención la cantidad de fiestas que el emperador celebraba, siempre sin reparar en gastos.

«Y la vianda fue muy mucha en demasía este día de caballos y carneros, según su costumbre: y este día bebieron muy mucho vino, e hicieron mucha alegría»

 

LA MALDICIÓN DE LA TUMBA DEL EMPERADOR

Como hemos dicho, Tamerlán muere en 1405 en plena campaña; su cadáver fue embalsamado, envuelto con paños de lino y enviado en un ataúd de ébano a Samarcanda, enterrado en el Mausoleo Gur-a-Amir, que aún permanece en pie a día de hoy.

En su tumba reza la siguiente frase:

«Si yo me levantase de mi tumba el mundo entero temblaría»

una amenaza de maldición para que nadie profanase su enterramiento.

Mausoleo de Tamerlán

No fue hasta 1941 cuando un arqueólogo ruso, Mijail Gerasimov, exhumó el cadáver simplemente para saber si Tamerlán fue o no descendiente directo de Gengis Kan. Antes había pedido permiso a Stalin, ya que al leer la inscripción de la tumba tuvo miedo que la maldición se hiciese realidad y estallase la guerra.

Stalin dio el visto bueno y se abre la tumba el 19 de junio de 1941. El proceso fue filmado, incluido el momento en que el arqueólogo coge la cabeza del emperador y la levanta en un gesto de triunfo.

Da la casualidad que tres días después, el  22 de junio de 1941, Rusia es invadida por el Tercer Reich. Año y medio después el cadáver vuelve a ser enterrado y al poco el ejército Alemán se rinde en Stalingrado. Una inquietante casualidad…

Uzbekistán y otras regiones colindantes fueron conquistadas en el s. XIX por el Imperio ruso. Tomaron la parte de Asia central y la llamaron Turquestán. En 1871 el general Konstantin Von Kaufman fue el primer gobernador de esa región, patrocinando un álbum de seis volúmenes llamado Álbum de Turquestán, en el que se atesoran una serie de fotografías (aproximadamente 1200) así como planos de las ciudades más importantes y en las que se presta especial atención a Samarcanda.

A día de hoy Samarcanda es la segunda ciudad con más población de Uzbekistán; y se sostiene, sobre todo, por el turismo de quienes van a visitar los vestigios de esta antigua maravilla que ha sido declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco.

 


BIBLIOGRAFÍA

  • Grousset, R.: El imperio de las estepas: Atila, Gengis Kan, Tamerlán. Edaf: Madrid,1991
  • González de Clavijo, Ruy: Embajada a Tamorlán. Castalia: Barcelona, 1999
  • Sánchez, Juan Pablo: «Samarcanda, la legendaria capital del Imperio de Tamerlán». Historia National Geographic. Febrero 2014. Nº120, p. 68-75.
  • Vidal García, Marta Leonor: 15 días en Uzbekistan (9): Samarkanda (2): La Mezquita de Bibi Khanum (15 de enero de 2012). Recuperado en: https://eldiwan2010.blogspot.com.es/2012/01/15-dias-en-uzbekistan-9-samarkanda-2-la.html

Si quieres utilizar este texto perteneciente a La Misma Historia, no olvides citarnos de la siguiente forma:

Sixto Castro, Marta: Samarcanda, la legendaria capital de la Ruta de la Seda (22 de septiembre de 2016) en La Misma Historia [Blog]. Recuperado en https://lamismahistoria.es/samarcanda/ [Consulta: fecha en que hayas accedido a esta entrada]

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Marta Sixto

Licenciada en Historia del Arte por la USC. Colabora además en otros blogs como «Detectives de la Historia» o «Alejandra de Argos».
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