La agogé era uno de los elementos más característicos de Esparta, además de ser la base de su estructura social. Se trataba de una educación orientada a las futuras funciones de los ciudadanos en el Estado, que incluye el ámbito exterior al hogar (dominio del hombre) y el interior (de la mujer). La sociedad espartana era una máquina bien engrasada que funcionaba gracias a unas directrices estrictas que se cumplían a rajatabla por la propia convicción de los ciudadanos.

 

EL ORIGEN

La organización en Esparta se atribuye tradicionalmente a Licurgo, legislador del que no se sabe a ciencia cierta qué tiene de real y qué de legendario, pero se lo ubica cronológicamente entre los siglos IX y VII a.C. Según la tradición, consultó al Oráculo de Delfos para redactar los principios sobre los que se asentaría la sociedad espartana. En cualquier caso, este modelo parece haber surgido en época arcaica y haberse cristalizado en el siglo V a.C., aunque fue durante los siglos IV y III a.C. cuando adquirió sus características más conocidas.

Fue muy aplaudida por muchos griegos por ciertos elementos, y muy criticada por otros tantos. Entre estos últimos, el tratamiento que se le daba a la mujer era algo incomprensible y no compartido fuera de Esparta. Pero dentro de la ciudad, tenía una explicación muy sencilla: si ambos padres eran fuertes, los hijos serían fuertes. Aun así, la imagen de las espartanas que igual te cosen el quitón como que cogen la espada y te echan una mano en la guerra, como hemos visto tantas veces en el cine, es del todo incorrecta. La mujer tenía una labor igual de importante que la del hombre a ojos del Estado, ambas bien definidas pero muy diferentes. Vamos a ver en qué consistía esta agogé para cada sexo.

 

LOS RECIÉN NACIDOS

Cuando un bebé nacía, una comisión de ancianos lo inspeccionaba para valorar sus aptitudes físicas. Si pasaba este examen, el niño tendría derecho a un lote de tierra y sería acogido en la comunidad. Si, por el contrario, no superaba esta criba, se lo llevaba al cercano monte Taigeto, desde el que se arrojaba al valle Ceadas. Pero existían excepciones a este destino. En ocasiones, los bebés «desechados» eran criados como esclavos o recogidos por matrimonios ancianos sin descendencia.

Tras esa selección, los niños regresaban a sus casas y eran criados por sus padres y el servicio doméstico hasta los 7 años. Éstos debían instruirlos en las bases de la vida espartana.

 

LOS CHICOS

A los 7 años:

Su educación pasaba a correr a cargo del Estado. Los niños abandonan su casa, eran divididos en tropas, se rapaban el pelo y comenzaban a vivir acuartelados. A partir de ese momento, comían, dormían y se formaban en comunidad junto a los de su misma edad. Estaban a cargo de un supervisor joven (eiren) y bajo la dirección de un funcionario estatal llamado “legislador de muchachos” (paidonomos). Como complemento, los acompañaban jóvenes de más edad que llevaban látigos para infligir los castigos (mastigophoroi).

Los objetivos de esta primera etapa eran:

  • Fortalecer el cuerpo mediante correr descalzos y participar en torneos.
  • Inculcar la obediencia y el ascetismo.
  • Aprender a leer y escribir, si bien la formación intelectual era secundaria.
  • Recibir instrucción cívica. Un buen ejemplo era su aprendizaje del «laconismo», es decir, el dar respuestas breves y concisas. A diferencia de la oratoria otras polis, en Esparta la charlatanería se castigaba.

A los 14 años:

Los niños dejaban atrás la infancia y se convertían en efebos. A partir de entonces se dejaban el pelo largo y cuidado y adquirían más responsabilidades, como la de supervisar a las nuevas tropas.

Su aprendizaje en esta etapa:

  • Resistencia al hambre, la sed, el frío, el calor, los golpes y el dolor: Dormían sobre cañas y solo podían llevar un manto de lana (himatión) para cubrirse.
  • Más torneos y competiciones en los que se pone a prueba la resistencia adquirida y las técnicas de combate aprendidas. Esto servía, además, para estimular la ambición y la competitividad.
  • Juegos en honor a Artemisa Ortia, la divinidad que velaba por la educación. Uno de ellos consistía en que el alumno tenía permitido robar, pero si era tan poco precavido como para que lo pillaran haciéndolo, se le castigaba flagelándolo frente al altar de la diosa.

A los 18 años:

Desde ese momento ya podían (y debían) casarse y tener hijos, pero no vivir en la casa familiar. Debían continuar viviendo acuartelados con los muchachos de su edad. Sus actividades:

  • Poner en práctica lo aprendido, esta vez como jefes de tropa.
  • Ir a la caza de ilotas (siervos que cultivan sus tierras y a los que periódicamente declaraban la guerra para mantenerlos sometidos).

A los 30 años ya eran ciudadanos de pleno derecho y deberes políticos. Tenían poca vida privada, ya que estaba mal visto que un hombre pasara mucho tiempo en su casa. Se dedicaban al ejército, los cargos públicos y los banquetes sociales de hombres.

 

LAS CHICAS

A los 7 años:

No se conocen internados de la misma forma que para los chicos. Se supone alguna clase de educación pública por las alusiones encontradas a profesoras, pero es probable que continuaran viviendo en la casa familiar. Pese a ello, también tenían un entrenamiento que consistía en:

  • Luchas, carreras y lanzamiento de disco y de jabalina.
  • Competiciones deportivas femeninas en festejos religiosos. Sin embargo, no podían participar en los Juegos Olímpicos.
  • Competiciones de canto y baile.

A los 19-20 años:

Debían casarse a esta edad, de la misma forma que los hombres entre los 20 y los 30. Una vez casadas, se rapaban el pelo y desde ese momento lo llevaban corto. Entre las particularidades del matrimonio espartano estaban la de que los padres no arreglaban el enlace, sino que los novios se escogían. Tampoco existía una dote en el sentido tradicional de la palabra, pero las mujeres tenían permitido recibir herencia y bienes y administrarlos. Otra característica era que podían tener más de un marido, cosa bien vista en aras de la procreación. La mujer debía administrar todas las casas de las que fuera la esposa. Para ello, debía haber adquirido ciertas habilidades durante su aprendizaje:

  • Conocimientos económicos. Esto era básico, puesto que la administración de la familia dependía de ella y, si no eran capaces de pagar los tributos requeridos por una mala gestión, perdían el derecho a la ciudadanía.
  • Ser capaz de controlar a los ilotas y los esclavos.
  • Organizar los cultos a Démeter y Artemisa.
  • No intervenir en asuntos públicos, aunque tenían autoridad total en el interior de su casa. Aun así, existía la libertad de expresión para ellas y podían opinar e influir en los asuntos de estado, pese a no tener voto.

Aunque en el resto de Grecia se veía con malos ojos este trato igualitario y esa libertad sexual, oral y fiscal de las mujeres, en Esparta el papel de ambos se tomaba muy en serio. Cada uno debía cumplir una función imprescindible y necesaria para que el modelo social y político funcionara como debía. Esto se llevaba tan al extremo que una mujer que muriera de parto era tratada con el mismo honor que un hombre caído en batalla, puesto que ambos habían fallecido sirviendo al Estado. La agogé les procuraba ese concepto de colectividad tan arraigado y su modo de vida, aunque duro, fue el más estable.

 


BIBLIOGRAFÍA

  • BALTRUSCH, ERNST. “Esparta: historia, sociedad y cultura” Ed. Acento, 2002.
  • DOMINGUEZ, ADOLFO J. Y PASCUAL, JOSÉ. “Esparta y Atenas en el siglo V a.C.” Ed. Síntesis, 1999
  • CARTLEDGE, PAUL. “Los espartanos: una historia épica” Ed. Ariel, 2009.
  • ALBALADEJO, MANUEL. «La crianza de los niños en Grecia» Historia National Geographic nº134 págs.16-19. RBA, 2015.

Si quieres utilizar este texto perteneciente a La Misma Historia, no olvides citarnos de la siguiente forma:

Elías Viana, Marta: La agogé: la educación espartana (31 de mayo de 2016), en La Misma Historia [Blog]. Recuperado en: https://lamismahistoria.es/agoge-educacion-espartana/ [Consulta: fecha en que hayas accedido a esta entrada]

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